Leer es vivir, Loja da ejemplo




Lo leí esta mañana en el Diario La Hora de Loja y no cabía de gozo, “Niños se inician en las letras con leyendas”.
Un precioso proyecto dirigido por los docentes de la escuela “Julio Ordóñez Espinosa”, Lupita Vélez Jiménez e Iván Vallejo Delgado, que incitaron a los muchachos de quinto curso a recoger leyendas de los abuelos y plasmarlos en un pequeño libro con 33 de ellas.

En un país donde leer es un motivo más de aburrimiento para los niños suena maravilloso esta clase de proyectos y más si son para perennizar historias o leyendas no escritas que pasan de generación en generación, ¡realmente fantástico!.

Soy un obsesivo lector diario de cualquier cosa que llegue a mis manos y mi frustración de ver lo poco que se fomenta la lectura en mi zona es realmente grande. Por poner un ejemplo, regalar un libro en cualquier aniversario o motivo de celebración para nada es algo habitual, de hecho no se pueden encontrar libros medianamente normales a no ser que te vayas a Loja (a dos horas de autobús) para buscar y rebuscar algo que no sea de García Márquez, Paulo Coelho o de la infinidad de libros religiosos y de autoayuda que inundan las vitrinas. Por lo tanto la única solución para conseguir libros desde donde me ubico es comprarlos por internet.


Incluso pensamos al principio en vender libros nosotros en el supermercado pero dada la poca inquietud de su fomento nos desanimó, seguramente hubiese sido una inversión desaprovechada. Nos alegramos de no haberlo hecho.

La idea de recopilar leyendas y cuentos de transmisión oral me ha encantado y ya estoy esperando a ver a algunos de los amigos profesores de la zona para comentarlo e intentar hacerlo en nuestra zona. Sería precioso, a ver si alguno se anima… yo ya lo estoy.

Por cierto, a como de lugar quiero conseguir ese libro de leyendas publicado por los amigos de Loja. Si alguien puede darme información de como conseguirlo puede ponerse en contacto conmigo al mail mutanazo@gmail.com o bien en los comentarios de este post. Gracias,

El valle del Chota y su "Bomba"



Si hay un viaje que tengo en lo mas alto de mis prioridades es el de visitar el Valle del Chota y disfrutar in situ el género musical propio de la “Bomba”. Me queda bastante lejos en horas de autobús pero es algo que tarde o temprano tengo que hacer pues mi afición por las músicas ancestrales no para de darme palos en la cabeza apremiándome para que busque un hueco en cuanto tenga la ocasión.

El Valle del Chota es una región ecuatoriana situada en la cuenca del río Chota en los límites entre las provincias de Imbabura y de Carchi, en medio de la sierra andina del norte de el país y caracterizada por tener una población de origen africano que durante el siglo XVII fueron traídos hasta Ecuador por los jesuitas para trabajar como esclavos en las minas y en las plantaciones de caña de azúcar.




La Bomba tiene un ritmo y velocidad que puede variar desde un tiempo ligero bailable hasta una intensidad propia de muchos ritmos afro-americanos donde destaca la percusión, así como en el baile resalta el movimiento de cadera y el baile pegado con actitudes eróticas. Una particularidad del baile en las mujeres es cuando algún hombre la desafía y bailan con una botella de “puro” en la cabeza.

A finales del siglo XIX comienzan a aparecer agrupaciones espontáneas (hoy en día están generalmente conformadas por 14 miembros) dedicadas a amenizar las diferentes fiestas populares con la particularidad de utilizar instrumentos rudimentarios como: hojas de naranjo, flautas, machetes, bombo y cornetas hechas de calabazo seco, además de puros, penicos, peinillas, etc. El nombre de estas agrupaciones denominadas “Banda Mocha” proviene de los calabazos secos que vaciaban y cortaban por un extremo dejándolos “mochos”.


Comprenderéis que son demasiadas cosas increíbles como para no estar ansioso de comprobar en persona todo éste movimiento cultural que tengo a tan sólo 16 horas de autobús, pero seguro que no se me harán pesadas… eso hay que verlo y vivirlo.


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El famoso sombrero Panamá se hace en Ecuador



Siempre quise tener uno, aunque no soy mucho de utilizar gorros o gorras deportivas, pero aquí es obligatorio si no quieres coger una insolación cada vez que tienes que salir a caminar. Y si algún día tuviese un sombrero desde luego sería un Panamá por su elegancia, por eso la primera vez que aterricé en Panamá uno de los primeros objetivos fue conseguir uno, y lo conseguí, aunque se me quedó en España y solo yo sé lo que lo he echado de menos, allí estará colgado en la percha riéndose de mí el muy maldito.

Recién llegado a Ecuador encontré miles de sombreros pero ninguno como el que quería,  y por más que preguntaba por las varias sombrererías nadie me daba razón de como comprar un Panamá hasta que en una de las tiendas lo vi.
¡Ese es el que quiero! grité aliviado de ver el modelo que tanto buscaba.

- ¿Panamá? Ese es un sombrero Jipijapa de Manabí. Aquí se conoce por el lugar donde lo hacen.

El vendedor provocó mi curiosidad de saber el porqué del nombre si se hacían en Ecuador, y claro mi desesperante conexión a internet empezó a echar humo hasta que no encontré ese porqué.



Fue en 1906 cuando Theodore Roosevelt (presidente de USA) usó uno de estos sombreros mientras visitaba la construcción del canal de Panamá. Su fotografía viajó alrededor del mundo y esta obra maestra se convirtió en "El sombrero de Panamá". 

Fue llamado jipijapa, a partir del nombre de una ciudad pequeña de la provincia de Manabí, en la costa ecuatoriana, que se suponía era su origen tradicional, o Montecristi, un nombre que todavía se encuentra entre los especialistas de los panamás de calidad. El jipijapa o el montecristi también se ha llamado toquilla, un nombre derivado del nombre de los sombreros que los españoles usaron en la conquista.

Las cooperativas de artesanos que hacen estos sombreros se toman entre una semana y seis meses para elaborar un sombrero dependiendo del espesor seleccionado, utilizando sólo las más finas fibras de paja "toquilla".

Desde 1630 los sombreros ecuatorianos han cubierto las cabezas de muchos famosos incluyendo a Napoleón, Winston Churchill, Nikita Krustchev, Harry Truman, Paul Newman, Anthony Hopkins, y otros…

Sus precios en Ecuador oscilan desde $25,00 hasta los miles de dólares de un Montecristi, dependiendo del espesor de las fibras y la dificultad en el diseño de la artesanía.



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Proyecto turístico rural en avanzado estado en Chapango

Un problema de eduación




Ya desperté con el “pié torcido” esa mañana y para rematar lo primero que leo en internet nada más a entrar al diario El Universo es “El cóndor Felipe aparece muerto de un balazo”.
El estupor se apodera de mí y cuando logro reaccionar después de la furia inicial empiezo a recapacitar de cómo alguien puede ser tan sumamente imbécil para balear a un ave que todos saben está en peligro de extinción y con programas específicos para su cría y reproducción. Ah, y lo de “fue una confusión” no me vale, la majestuosidad de un cóndor en pleno vuelo es incomparable a ninguna otra ave.

Pero el trasfondo es simple y llegué a no extrañarme de que pasase tan desagradable incidente al repasar el día a día. Todo es un problema educacional.
Muy, pero muy pocos ciudadanos de mi zona (también lo he vivido en ciudades grandes como Guayaquil) he visto cuidar o responsabilizarse de las mascotas domésticas que conviven con ellos preocupándose de su estado, salud, higiene, fecha de vacunas… lo de llevarlas a un veterinario ya suena a cuento chino. Esa es la cruda realidad, no hay otra. La mayoría de mascotas viven en la calle, se juntan en manadas descontroladas que pasean a sus anchas por todo el pueblo y se alimentan de las sobras que sus dueños les dan o lo que van pillando por ahí. Ya sé que estoy generalizando y siempre se cometen injusticias cuando se hace pero las excepciones son realmente pocas.


Pasear por el mercado repleto de carnes, frutas, sitios donde comer y estar acompañado de varios perros callejeros buscando sobras mientras compras o comes es algo totalmente aceptado por la ciudadanía. Tampoco hay un control por parte de las autoridades que ayude a dejar de ver normal esta situación en forma de centros de zoonosis con programas de adopción, por lo que esta tesitura hace que realmente no me extrañe el que algún estupido descerebrado coja una escopeta y se dedique a balear a cualquier animal por simple diversión. Menos mal que esta vez no fue tan tonto de tomarse una foto y subirla a facebook alardeando para que todo el mundo viese su logro, como hace bien poco pasó con otro cóndor.

Los escasos cóndores en Ecuador (se dicen que sólo existen unos 50 viviendo en libertad) viven en la zona andina y su importancia en el país se refleja en que en el mismo escudo del país aparece uno de ellos como parte de identidad nacional.

En los países andinos de Bolivia, Perú y Ecuador, esta ave es la figura principal de varias leyendas. En Cotopaxi, Ecuador, se dice que el cóndor fue enviado por la divinidad a rescatar a una joven que se dedicaba al pastoreo de ovejas y era maltratada por su familia.
Al llevarse el cóndor a la joven, según la leyenda, sobrevolar la laguna de Quilotoa y llegar a lo más alto del páramo, ella se convirtió en la mujer cóndor y dio a luz a los mensajeros del universo.

Mientras en Imbabura, al norte de Ecuador, se dice que esta ave de rapiña, o “señor Apu Kuntor”, fue escogida por el gran dios Inti como su mensajero, que atraviesa el arcoíris y lleva bajo sus alas a quienes la contaminan para purificar a la Pachamama (madre tierra).

Mi Bando de la Huerta




Hoy es uno de los días grandes en mi ciudad y me voy a permitir la licencia de recordarlo en este blog aunque no venga a cuento con lo que normalmente escribo, pero para mi era necesario pues es el único día de las fiestas primaverales de Murcia que vivo con intensidad.

Su origen se remonta a nada menos que 155 años, sin embargo, ha salido a la calle en unas 120 ocasiones, en cinco grandes etapas, con sus correspondientes interludios. En 1851, unos churubitos (señoritos) que se reunían en la botica de Rubio que abría sus puertas en la calle Vidrieros en San Antolín, acordaron darle vida al carnaval organizando unos festejos que serían el Entierro de la Sardina y el Bando de la Huerta.

Por lo que puede apuntarse que, en realidad, El Bando nace como un pretexto para la diversión de gente acomodada, diversión en la que se caricaturizaban expresiones y costumbres de las gentes humildes de la huerta y donde no se regateaba en exageraciones e incluso burlas sobre el modo de hablar de aquellos que acudían a la ciudad a vender sus productos y realizar compras.


Hoy en día se ha convertido en un macrobotellón donde los parques y jardines se llenan de grupos de amigos donde se compite por emborracharse con total displicencia de autoridades, disfrazarse con cualquier trapo intentando representar al huertano con una falta de respeto por sus tradiciones alarmantes, empezando por las mas altos cargos de la organización, pero aún así desde el 2012 se declararon Fiestas de Interés Turístico Internacional y siempre se celebra el martes siguiente de Domingo de Resurrección.


Son muchos los desastres organizativos de esta fiesta, pero es mi fiesta y por ello la echo de menos mas de lo que yo mismo creía.

Salir en la procesión de la Virgen de la Fuensanta por la mañana, una par de cervezas con unos bailes y cantes en la plaza de la Cruz, un arroz y conejo en cualquiera de las decenas de barracas que amenizan el día, y a ver el desfile por televisión descansando y encendiendome la sangre de oír los comentarios de unos redactores totalmente ignorantes en la materia. Mi día en Murcia ya estaría programado como todos los años, pero sigo aquí con todo el gusto del mundo. Pero hoy mi corazón está allá, mi Murcia querida de alma.